El precio de la Luz lo han disparado los señores del agua.

2021-07-21 ||Energías Renovables

El miércoles, 21 de julio, pasará a la historia por haberse registrado, en la subasta diaria del mercado mayorista, el precio medio del megavatio hora más alto de todos los tiempos: 106,57 euros. Muchas han sido las voces que han responsabilizado de esa subida a dos gases: el metano (gas natural) y el dióxido de carbono (CO2). O a dos mercados: el europeo (de emisiones) y el global (de gas). Pues bien, el precio de la luz, el día 21 de julio, el más alto de todos los tiempos, lo han fijado los señores del agua, los que manejan el grifo: las hidroeléctricas. Esta es la historia. [Pie de foto, a pie de página].

Sí, el precio del gas ha subido, y sí, el del CO2 también lo ha hecho. Pero la clave no está tanto en el gas (o en sus malos humos), como en el mecanismo de formación del precio de la electricidad. Vamos a explicarlo siquiera sea grosso modo: en el mercado mayorista pujan todas las tecnologías (sean limpias, sucias, modernas o antiguas). Imaginemos -hipótesis de trabajo- que la demanda estimada (la electricidad que va a necesitar ese día el país) es 100, por ejemplo. Pues bien, la nuclear y las renovables pujan en ese mercado (coloquialmente conocido como pool) a cero. ¿Por qué a cero? Pues porque las renovables tienen que vender lo que producen cuando lo producen (no se puede almacenar el viento) y porque a la nuclear, dadas sus características técnicas, le resulta más barato operar en modo fijo, y no andar parando y arrancando, parando y arrancando en función de la demanda. Así las cosas -y dicho sea grosso modo-, nuclear y renovables (entendidas estas por fotovoltaica y eólica) pujan siempre a cero para que siempre entre en el mercado la electricidad que producen.

Si entre todas ellas no suman 100 (suman 80, por ejemplo), entra a continuación (pongamos por caso) la termosolar, que sí puede almacenarse, dado que tiene tanques de sales térmicas que acumulan el calor del Sol diurno y liberan ese calor por ejemplo por la noche para producir electricidad con él entonces. La termosolar puede así ofertar un precio de, por ejemplo, 20 (veinte en vez de cero). Si con la termosolar no hay suficiente tampoco para llegar a 100 (si con la termosolar suman 90, por ejemplo), entra la hidráulica, porque ella puede aguantar un poco más (puede mantener el grifo cerrado y no soltar el agua que mueve la turbina hasta que el precio de la subasta sea lo suficientemente atractivo, o elevado). Es lo que algunos llaman coste de oportunidad y otros denominan especulación. La hidráulica puede ofertar por ejemplo a 40 en vez de cero. El planteamiento sería grosso modo el siguiente: si quieres electricidad, y quieres 100, y ya has consumido los 80 de nuclear y renovables, y has consumido los 10 de termosolar, yo te doy electricidad, pero a un precio más elevado: 40.

Si con la hidráulica tampoco es suficiente, porque por ejemplo nos hemos quedado en 95 (y hacen falta otros 5 para llegar a los 100) pues entonces entra por fin el gas. Con el mismo planteamiento (léase coste de oportunidad o especulación, elija el lector). Y ahí el gas fijaría la oferta más alta. En vez de 40, puede establecer como precio 106. La explicación de ese salto formidable hay que buscarla -según muchos analistas- en el incremento del precio del gas y en el incremento del precio del CO2. El gas se ha encarecido un 500% en el último año y el CO2 ha doblado su precio. Y las centrales térmicas de ciclo combinado que queman gas natural para producir electricidad tienen así que pagar hoy más que ayer por el combustible que queman y tienen que pagar hoy, más que ayer, por emitir CO2 (porque la Unión Europea dice que quien contamina paga, ha puesto en marcha un mercado de emisiones en el que la tonelada de dióxido de carbono es cada vez más cara y los ciclos combinados emiten muchas toneladas de CO2: 60 toneladas de CO2 por cada 100 megavatios hora que producen).

Hasta aquí, los actores; ahora, el escenario: el mercado marginalista
El legislador ha ideado un mercado eléctrico, y ha establecido unas reglas determinadas, según las cuales el precio 106 que cierra la subasta, el precio último, el precio que casa la demanda con la oferta (el precio del megavatio 100, si se me permite), es el precio que cobrarán todos los megavatios, los 99 megavatios anteriores: o sea, los que pujaron a cero, los que pujaron a 20 y los que pujaron a 40. Todos, todos, todos los megavatios van a cobrar a razón de 106. ¿Resultado? Como bien apuntan por ahí algunos analistas, estamos pagando panga a precio de caviar (o de coste de oportunidad, o de especulador, elija el lector). ¿Otro resultado? Todos los generadores están contentos: el gas (que repercute en ese precio sus costes crecientes: combustible y CO2), las renovables (las que participan en ese mercado, porque hay muchas renovables que tienen un precio previo tasado y no participan ahí) y, por fin, la nuclear (que produce aproximadamente el 20% de la electricidad que usa cada año este país) y la gran hidráulica (que produce aproximadamente el 15%).

Y, llegados aquí, sea el quid de la cuestión

¿Quién ha fijado el precio de la electricidad en la subasta correspondiente al día 21, el día en el que la luz alcanzó un precio jamás antes visto? ¿Ha sido el gas el que ha fijado ese precio, tal y como parece colegirse de la lectura de muchos analistas? Pues no. No ha sido el gas. El precio lo ha fijado fundamentalmente el agua, que es una fuente de energía renovable, autóctona, que no depende de si ha crecido la demanda de gas natural en Asia, ni depende de las reservas de gas europeas, ni depende del mercado internacional del gas y sus buques metaneros, ni depende del precio del CO2 que marca el mercado europeo de emisiones. No depende de nada de eso. La hidroeléctrica depende de los señores del agua, los que manejan los grifos, que son los que han marcado el precio más alto de la historia de la luz en España en tal día como ayer. A saber: en concreto, de las diez horas más caras de ayer, día 21 de julio de 2021 (que ha sido -hay que insistir- el más caro de toda la historia), el agua (gran hidráulica y bombeo) ha fijado el precio del megavatio hora en ocho (8 de 10), mientras que el gas solo lo ha hecho en dos. En los diez últimos días, el gas ha fijado precio en 49 horas; el agua (gran hidráulica y bombeo) lo ha hecho en 157 ocasiones, el triple. [Bajo estas líneas, tabla que identifica las tecnologías que han marcado el precio marginal del mercado diarios estos 10 últimos días, cada hora. Véase abajo leyenda de interpretación de siglas].

Según Red Eléctrica de España, que es el operador del sistema eléctrico nacional, actualmente hay en el país 17.098 megavatios de potencia hidráulica. Iberdrola controla 9.715. Endesa, 4.793. Naturgy, 1.951. O sea, que tres empresas manejan los grifos de 16.459 megavatios hidro, el 96,2% del total. Y ha sido esa tecnología -la hidroeléctrica- la que ha marcado el precio máximo de la mayoría de las horas del día más caro de la historia de la luz de España. No el gas. Ni el CO2. Ha sido el agua.

Se da la circunstancia de que los que manejan el grifo de la hidráulica, ese que ha fijado precio el día más caro de la historia, también son propietarios del 100% de la potencia nuclear (más de 7.000 megavatios) y de 15.000 de los 26.000 megavatios de gas natural que hay instalados en España.

Según la asociación de consumidores Facua, el precio del kilovatio hora registrado ayer en el mercado mayorista supone un incremento de más del 60% sobre el precio del kilovatio hora registrado hace un año.

Por otro lado, ayudas

Iberdrola, que acaba de anunciar un incremento del 5,5% del dividendo a sus accionistas, ha presentado al Gobierno hasta 175 proyectos que aspiran a lograr ayudas o subvenciones con cargo al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, plan que va a distribuir en ayudas 70.000 millones de euros, a fondo perdido, durante los próximos tres años.

Por su parte, Endesa anunció hace solo unas semanas a sus accionistas que ha elevado un 22%, hasta 23.300 millones, el volumen de proyectos que optarán a esos fondos europeos.

Naturgy, por fin, que también está optando a subvenciones y ayudas, ha identificado oportunidades de inversión por valor de casi 14.000 millones de euros a través de un centenar de proyectos propios "a desarrollar en los próximos años en el marco del programa Next Generation".

Statkraft es una empresa pública noruega cuya principal fortaleza es su división hidroeléctrica. Es la mayor productora de hidroelectricidad de Europa, cuenta con 346 instalaciones que suman una potencia de más de 14.400 megavatios


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